Charlatán

Charlatán: de origen italiano, proviene del verbo cialare ‘charlar’, ‘chacharear’. Se aplicó originalmente a la jerga del vendedor que intentaba vender pócimas curativas, ungüentos y reconstituyentes. De ahí se usó ciarlatano para llamar a tal vendedor y, por extensión, a cualquier dispensador de imposturas. Algunos etimologistas han sugerido que la palabra está conectada con el gentilicio cerretano, de Cerreto una ciudad italiana notable por el habla exagerada –hiperbólica– de sus habitantes, argumentando que ha podido contribuir al origen de la palabra y reforzado su significado. Sea como sea, la palabra española es igual en inglés y en francés. En colombiano tenemos sustantivos afines: parlanchín, el que habla mucho o que dice lo que debería callar; dicharachero, quien en el habla cotidiana usa continuamente adagios, dichos o aforismos; culebrero(1) un personaje tradicional en Antioquia y sus colonias, que con parloteo exuberante e hiperbólico estafa en los pueblos de las serranías con específicos, emplastos, unturas y linimentos (ver A. Uribe V.); palabrero el que resuelve controversias y litigios y concierta uniones (matrimonios) entre los indígenas wayuu en la Guajira.



(1) Si señores, cómo no, aquí llegó, el que les cura sus males con esmero, pongan pues mucho cuidao, pa' curar soy el primero...Yo soy el inventor de andar parao, quien hizo de pa' arriba la pendiente, quien puso el occidente frente a oriente, y norte y sur las puso a lao y lao.
Yo descubrí el dormirse uno acostao, que los ojos están bajo la frente y comprobé varias veces que el agua de la fuente no calienta en fogones apagaos...
Yo inventé los caminos en el suelo y le puse el palito al caramelo y fui el primero en dormir sin estar despierto. Yo fui el primero en saber que el agua es fría, que la noche no puede ser el día, y que no hay pupilas en ojo tuerto.
Yo soy el que ensarta señores por hueco, ojal o rendija, roto, orificio o aguja, meto, entro o introduzco; miro veo y me rebusco, curo, alivio, receto y sano. Soy brujo curandero y cirujano.
Magia blanca, magia negra, hipnotizo novia y suegra y leo el futuro en la planta de la mano y que conste que no soy un gitano.
Soy el brujo de Manzanares, primo hermano de Satanás, de curarlo soy capaz y si tiene algún maleficio, curar males del corazón y lepras es mi oficio sin ningún sacrificio.
Si sufre alguna traición venga donde este montañero, que no soy chicanero y ¡lo curo de un jalón! Si se le infla la panza y le duele hasta la cola, con una yerbita sola que yo le llamo llantén, cójamela usté muy temprano y ahí mismo me la machaca, se la echa en la petaca y en diez días de diarrea le salen hasta jicoteas y quedas bueno otra vez...
Si tiene diarrea y quiere parar el tren, señora escúcheme bien, siga haciendo el chocolate y una fruta de aguacate que yo le voy a rezar, usté me la va a tostar encima de una cayena. Se la come en la mañana y siga su triqui-traque... y siga su triqui-traque... y siga su triqui-traque...Si su niño es barrigón olvídese de purgantes, cuélguele ajitos bastantes en la nuca del mocoso, embútale al lagañoso paico por boca y nariz y un costalao de lombrices bota por arte de magia, y si tiene solitaria también la bota el mugroso.
Hay hombres que se atortolan por el negocio caído, su mujer ya se le ha ido en busca de más garantías, no deje la cosa fría como morcilla vieja. En ayunas miel de abejas con leche vas a tomar, y hasta se vuelve a parar un muerto de 30 días.
Pa' usté borrar esas manchas, mi señora que le jodieron su cara, hay una receta rara que no la saben sino los indios. Coja un caracol molido, apachúrreme cuatro limones enteros y se me unta esta pomada y si no le sirve pa' nada tiene que cambiase el cuero, mi señora.
Pa un amor esquivo cójame la golondrina y arránquele el corazón, déselo en agua de limón y al retrato del infiel me le clava un alfiler en la mitad de la frente y vera que de repente vendrá a pedirle perdón. Fúmeme bien el tabaco, yo le vendo la oración.
Aquella mujer ingrata que con su ausencia te mata a garrotazos de olvido, ese amor arrepentido, vendrá lleno de ternura a llorarte con locura, y a besarte otra vez si le rezas esta oración una vez y otra vez.
Cójame usté el palito del famoso cañaguate, con él si vas a curarte si sufrís de los riñones. Y pa esas picazones y amibas que ¿qué tomás? Piña blanca me arreglás, con bastante ajo machacao y en un mes ya estás curada de la puntica de atrás...
Si su esposo mi señora anda muy perro el vergajo, cójase un pelo de debajo de los jarretes del pie, arránquele callo usté y tres pelos del sobaco, embútaselo al vergajo en un pocillo de cacao y ahí tiene usté al desgracio pa' donde usté lo voltié.
Una pomada pa usté... otra pa usté, mi señora... una vale cien, dos, doscientos pero si lleva las cinco yo se las dejo en quinientos, damas y caballeros para servile a vusté.
De “El testamento del paisa”. Agustín Jaramillo Londoño (Susaeta, 1962)

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