Jade


Jade: A pesar de asociación cercana del mineral con China y Japón, el término no tiene conexión con Oriente. Es de origen latino y, de hecho, nació como una descripción de las propiedades medicinales de la piedra. El término latino īlia denotaba los “lados del bajo torso”, los ‘flancos’, la parte del cuerpo donde están situados los riñones. De ahí surge el adjetivo español ‘ilíaco’, ‘región ilíaca’. En latín vulgar se transformó a iliata que pasó al español como ijada. Se pensaba en la antigüedad que el jade podía remediar el dolor de la zona renal, por lo que los españoles la llamaron piedra de ijada, literalmente ‘piedra para los flancos’. Es curioso que el origen del nombre de uno de los dos tipos de jade que existen –el más común y menos valioso–, nefrita, sea el término griego nephrós que también significa riñón. El otro tipo de jade es la ‘jadeíta’.
La otra palabra derivada es el verbo jadear, acción de respirar fuerte y hondo, rápidamente, con la boca abierta y emitiendo un sonido ventral característico. Es apócope del término ijadear, en desuso, para indicar el bajo vientre o espacio intercostal. En inglés existe jaded, ‘cansado’, ‘harto’. Originalmente significaba ‘caballo desgastado’ (worn-out horse) que posteriormente se transfirió, metafóricamente, a disreputable woman o mujer de mala reputación. Es posible que el mexicanismo vulgar jarioso (jadeoso) se origine en jaded, ya que significa “tener apetito sexual”. 

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