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En filosofía, se entiende por mismidad la idea que apela a la unicidad del ser y no a la condición que adquiere por el hecho de devenir, como sugiere, en cambio, el concepto de ipseidad.
En filosofía, se entiende por mismidad la idea que apela a la unicidad del ser y no a la condición que adquiere por el hecho de devenir, como sugiere, en cambio, el concepto de ipseidad.
Desde la
perspectiva de la identidad, la mismidad es aquello que no fluctúa en el proceso
que va, por ejemplo, de la semilla al árbol. En otras palabras, mientras la
mismidad alude a la dimensión estructural del ser, a lo que perdura a pesar del
tiempo, la ipseidad, tal como la concibe Jean-Paul
Sartre en El ser y la
nada, apunta a la determinación de la esencia en su existir. “Una imagen es
un acto, no una cosa”, sostiene el intelectual francés. Sin embargo dicho
contrapunto es dialéctico, ya que precisamente la esfera estructural del ser
sólo es reconocida a partir de su trayectoria.
En Heidegger, la
mismidad (Selbstheit) es tratada de forma expresa en el parágrafo 64 de Ser
y tiempo y vinculada con la noción de cuidado (Sorge). Para
entonces, el filósofo alemán ha caracterizado al Dasein como cuidado, una
totalidad unitaria de momentos: el cuidado es “la articulación de la totalidad
del todo estructural”. Ante esta multiplicidad de momentos, es necesario hacer
referencia a aquello que permite que el Dasein siga siendo “uno”. Así, como
sucede con la resignificación que Heidegger hace de varios de los términos de
la “tradición”, la unidad precisa mostrarse desde el ámbito fenomenológico. La
mismidad se opone a la comprensión de un “yo” o un “sí-mismo” tradicionalmente
concebidos desde la ontología sustancialista que lo entiende como realidad:
“presencia” o “acompañar constante”. Ahora bien, en el ámbito fenomenológico,
la relación de la mismidad con el cuidado no es un momento más que se agregara
al cuidado sino que, más aún, la expresión “cuidado de sí” es tautológica: todo
Dasein es cuidado de sí-mismo. La diferencia fundamental de la mismidad y el
cuidado con la noción sustancialista del yo se basa en que el cuidado es
“intencional” –no en el sentido husserliano, pero sí basado en éste–, pues no
es posible que haya ningún sí-mismo que no esté vinculado al mundo. El “yo
pienso algo” se traduciría como un “yo soy (o estoy) en el mundo”. El yo no
puede ser sujeto aislado que acompañe nuestras representaciones (como afirmaría
Kant).
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