Mina: de origen incierto, se asume que del
latín vulgar mina –mināria–, que posteriormente va al celta meini- ‘mineral’ ‘oro’, el gaélico tiene mein ‘oro’ y el galés mwyn ‘oro’.
El uso de la palabra como artefacto explosivo data del s. xvii y surge de la práctica de cavar
túneles o ‘minas’ bajo las posiciones enemigas y hacerlas explotar.
Mina, para designar a la mujer, se usa en Argentina, Bolivia, Chile y
Perú, aunque parece que por distintas razones. En Chile por su tradición
minera, tal vez asimilan la vagina a un socavón y consideran el órgano sexual
femenino como el tesoro oculto. En Argentina presumen que su origen se remonta
al lunfardo que a su vez lo presta del latín vulgar fémina.
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